Vida Cristiana

¿Cómo está tu actitud?

woman holding her head
Photo by David Garrison on Pexels.com

A medida que te apresuras a buscar o hacer las compras, estás todo el día con los niños y tienes que trabajar desde casa debido a la pandemia, ¿mantienes una actitud saludable, o la frustración y la irritación se hacen cargo?

Cuando mi cuerpo, mente y voluntad están agotados, perder los estribos me resulta muy fácil; viene ese deseo de decirle a alguien lo que siento y pienso. Pero, quiero practicar lo que predico. Es en ese momento donde muchas veces me hago consciente y clamo a Dios por amor y paciencia. Estas son virtudes que las Escrituras incluyen dentro del Fruto del Espíritu (Gálatas 5:22). Hemos sido llamadas a exhibir la misma paciencia amorosa que tuvo Jesús. Oh, pero que difícil se nos hace hacerlo por nuestras propias fuerzas. Y que duro puede ser que tengamos una paciencia amorosa para con nosotras mismas. Cuando entramos en ese estado de cansancio, tendemos a ser muy duras con nosotras mismas y con las personas más cercanas a nosotras: nuestra familia, nuestro esposo y nuestros hijos. En ese momento no nos hacemos conscientes del estado en que estamos, de lo que somos capaces de decir sin pensar. No somos conscientes de que en ese preciso momento debemos correr a los pies del Señor por ayuda. Al contrario, tendemos a desatar nuestra frustración y furia con nuestros familiares. Pensamos que ellos tienen la culpa de todo lo que nos está pasando. ¿Sabes por qué hacemos eso? Una de las razones puede ser porque en el fondo sabemos que ellos nos van a perdonar, o simplemente porque son los que están ahí presentes en ese momento. Pero, ¿Es la voluntad de Dios que yo ande inconscientemente hiriendo a mi familia? ¿Es la voluntad de Dios que yo no sepa controlar mis actitudes y emociones para que no afecten de manera permanente mis relaciones?

¡Por supuesto que NO!

La voluntad de Dios es que nos hagamos conscientes y clamemos a Él cuando estamos en ese estado de frustración. Es en ese momento donde debemos clamar por amor y paciencia, por la ayuda del Espíritu Santo. Es en ese momento donde debes rendirte al Señor. Reconocer que sin su fuerza no puedes ser la mujer que Él espera que seas. Nosotras no podemos llevar esta carga solas, y el Señor no te pide que la lleves sola. Él está ahí para llevarla con nosotras. Hemos sido redimidas y llamadas a hacer la voluntad de nuestro Dios. No importa cuan ocupada, agotada y frustrada estés, DETENTE y clama al Señor. Solo de Él provienen nuestras fuerzas para experimentar una paciencia amorosa contigo y con los demás.

Proverbios 3: 5-7

Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas. No seas sabio a tus propios ojos; teme al Señor y apártate del mal.

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